«Cuando recibo un ordenador, lo desmonto y quemo. Sé cómo utilizar el fuego, y con él quemo todo: cables, monitores, ordenadores. Una vez que ha ardido recupero el cobre, separado ya del plástico. El fuego es mi trabajo.»

Dirigido por los austríacos Florian Weigensamer y Christian Krönes, Welcome to Sodom es un documental que nos traslada a Agbogbloshie (Ghana, África), el mayor vertedero de residuos electrónicos del mundo.

Se estima que cada año cerca de 250.000 toneladas de basura electrónica son importadas ilegalmente desde países enriquecidos para terminar en este terreno inhóspito, considerado uno de los lugares más tóxicos del planeta, donde en torno a 6.000 personas viven y trabajan.

La basura electrónica, procedente en su mayor parte de países europeos o americanos, llega ilegalmente al vertedero. Aquí se separan los metales de los dispositivos desechados para ser vendidos y transportados posteriormente a países manufactureros de la tecnología con el fin de elaborar nuevos productos. Éstos serán vendidos a países enriquecidos para que, una vez desechados, vuelvan de nuevo al vertedero.

Sodom es el nombre con el que los lugareños se refieren a Agbogbloshie, «un lugar que no pertenece a nadie, donde la gente viene y va, donde todo está en continuo movimiento», tal y como explica una de las voces protagonistas de la cinta: se trata de un médico que ha tenido que recurrir al reciclaje ilegal de desechos tras haber sido perseguido por su homosexualidad. Para él, el vertedero es un refugio donde esconderse hasta encontrar el dinero para comenzar una nueva vida.

A lo largo de la cinta conocemos también a un niño, que mientras busca metales con un imán improvisado, sueña algún día poder ir al espacio y comprobar que efectivamente la Tierra es redonda. Asimismo, un joven nos habla de la fuerza del fuego y la necesidad de tomar drogas para evitar los daños que éste le ocasiona y seguir así trabajando.

Welcome to Sodom es una cinta de indudable belleza a pesar de la crudeza de las condiciones de vida que retrata el metraje de 90 minutos. A través de imágenes impactantes pero estilizadas, con una cinematografía y una banda sonora cuidadas, la película da voz a distintos personajes que nos narran sus preocupaciones y pensamientos.

Y es en este punto donde consideramos que reside uno de los problemas de la cinta: la constante voz en off nos aleja de los protagonistas. Sus discursos son demasiado pausados, elaborados, a veces hasta recurren a lo metafórico o a cierto manierismo, dando la sensación de que las voces están leyendo en voz alta un texto escrito cuya redacción y contenido parecen haber sido excesivamente filtrados y dirigidos por los realizadores occidentales autores del documental.

Si bien las imágenes nos acercan al día a día de este gigantesco vertedero de residuos electrónicos, la voz en off nos aleja de los protagonistas y la cinta pierde parte de su atractivo y verosimilitud. Echamos en falta la espontaneidad, la honestidad, conocer verdaderamente sus sentimientos de primera mano, sin ambages.

En suma, Welcome to Sodom es un documental de indudable valía y bien realizado, que nos permite aproximarnos a una realidad generalmente ignorada por los consumidores de tecnología occidentales. No obstante, la permanente voz en off no favorece la empatía con los protagonistas y hace que al finalizar la cinta, el espectador cuestione el grado de verdad presente en la narración.

Welcome to Sodom se ha proyectado en España en algunos festivales, pero resulta difícil encontrar la cinta incluso en plataformas digitales de vídeo bajo demanda. Nosotros hemos adquirido una copia en formato DVD editada por el periódico austríaco Der Standard que incorpora subtítulos en inglés y alemán. La versión original del documental está en inglés.

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