Aunque publicado ya en 2018, nos queremos hacer eco de uno de los estudios más detallados y sólidos hasta la fecha respecto a la contribución de la industria de la TIC a las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI). Según los cálculos de Lotfi Belkhir y Ahmed Elmeligi, pertenecientes a la School of Engineering Practice & Technology de la McMaster University en Canadá, esta contribución habría pasado del 1,6% en 2007 al 3,5% en 2020, pudiendo llegar -si no se remedia- al 14% en 2040.

A la cabeza del consumo energético, y por ende de la emisión de GEI, los centros de datos, responsables del 45% del total, seguidos de las redes de comunicaciones (35%). Entre los dispositivos, mientras los ordenadores y pantallas van disminuyendo su contribución, los smartphones se ponen a la cabeza con un 11% del total. La razón principal de este liderazgo es su escasa vida útil, apenas 2 años de media, por lo que el importante consumo energético de su producción apenas se ve amortizado (todo lo contrario que ocurre con los centros de datos, que debido a su longevidad, es su consumo energético durante su uso lo que dispara sus emisiones). La estimación de que para 2040 pudiera haber en uso unos 9.000 millones de teléfonos móviles no permiten ser muy optimistas respecto a su impacto.

Estos cálculos incluyen tanto el consumo energético en la fase de producción de los dispositivos (extracción de las materias primas y manufactura de los aparatos) como el consumo durante su vida útil (del propio dispositivo y de las redes y centros de datos que sostienen los servicios). Los datos obtenidos parten de la premisa de que la mayoría de la energía consumida proviene de combustibles fósiles. De hecho, entre las recomendaciones del estudio está la transición de la industria de las TIC hacia las energías renovables y el cumplimiento de los compromisos por parte de las empresas que ya los han obtenido. Estos compromisos para llegar al 100% renovable, como los adquiridos por Google, Amazon o Microsoft, están todavía muy lejos de ser una realidad, como denuncia Greenpeace (incumplimientos que se suman a la colaboración de estas empresas a través de sus desarrollos de inteligencia artificial con la industria petrolera para seguir explotando combustibles fósiles).

Como denuncian los autores del estudio, si la industria de las TIC no hace un esfuerzo decidido para reducir su consumo energético y derivarlo hacia energías no contaminantes, los esfuerzos globales por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero pueden verse seriamente amenazados.

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